Estamos de vuelta
Tras una pausa más larga de lo habitual, retomamos el camino del blog, tratando dos temas de la actualidad reciente.
Parece que han pasado meses, desde la celebrada y magnifica victoria española en la Eurocopa. Tan sólo diez días después, y tras la gran cantidad de tinta vertida y de teclados golpeados con mayor o menor gracia, discutiendo sesudamente las implicaciones políticas de dicho triunfo comprobamos como sus efectos se han desvanecido casi en su totalidad, a fin de cuentas sólo es fútbol (ni más ni menos que el mayor deporte de masas actual).
He apreciado algunos aspectos positivos, como el bautismo laico de plaza roja, a la madrileña plaza de Colón, utilizada en su día por un nacionalismo español en su vertiente más cochambrosa o la recuperación de la bandera española por parte de la sociedad frente a la exclusividad autoatribuida de gran parte de la derecha. Reconozco que me haría mucha más ilusión que se hubiesen enarbolado banderas castellanas, pero bueno, ese es otro tema. También hemos comprobado que no todos los aspectos han sido positivos, y que se ha intentado utilizar políticamente la victoria desde todas las posturas.
Con tristeza observé dos aspectos de la celebración en los que los actores fundamentales fueron los símbolos. Mientras todo el mundo vio con normalidad, que algunos jugadores portasen banderas de Asturias o Andalucía, se palpaba en el ambiente, que portar una bandera catalana no hubiese recibido igual trato. Por otra parte y, como desgraciadamente es habitual, ausencia total de símbolos castellanos. A fin de cuentas la selección la integraban jugadores asturianos, catalanes, vascos, andaluces, canarios, valencianos, mostoleños o fuenlabreños. Curiosamente no participaban castellanos, badaloneses o sevillanos.
El segundo tema de actualidad es el proclamado como manifiesto en defensa del castellano, que en mi opinión no es tal. Leyéndolo podemos observar como en realidad no se propone nada, sino que simplemente se describe de manera sesgada la situación actual. Sin duda es un tema complejo, que deberíamos tratar en profundidad, no en una sino en varias, entradas, pero por no excederme en la actual, quisiera plantear una pregunta. Si los catalanes, decidieran democráticamente renunciar a conocer el castellano y a las ventajas que se derivan, ¿tendrían el resto de españoles derecho a obligarles a que no lo hicieran? La(s) respuesta(s) depende mucho desde el enfoque con el que se plantee la pregunta: legal, político, etc. Aclaro, que no considero que sea la situación actual.
Personalmente, encuentro de mucha mayor preocupación la acuciante disminución del nivel formativo de los estudiantes castellanos, y particularizándolo al ámbito de las lenguas, la limitación léxica y expresiva en su propio idioma, así como el escaso nivel de conocimiento del inglés. Lamentablemente hablar de conocer una tercera lengua, pertenece en la actualidad al reino de la utopía.
Madroño























